Los pies son los grandes olvidados… hasta que llega la temporada de sandalias. Pero un buen pedicure no es sólo estética: mantiene las uñas sanas, evita durezas dolorosas y ayuda a detectar problemas a tiempo. ¿Cada cuánto conviene hacerlo? Depende de lo que busques. Aquí te lo explicamos.
La frecuencia ideal
Para la mayoría de las personas, lo recomendable es un pedicure cada 4 a 6 semanas. Las uñas de los pies crecen más lento que las de las manos (aproximadamente la mitad de rápido), así que no necesitan tanta atención. Pero sí requieren un corte correcto y un cuidado regular de la cutícula y de la piel.
- Cada 3 a 4 semanas: si usas sandalias seguido, si haces mucho ejercicio o si tiendes a formar durezas y callos.
- Cada 4 a 6 semanas: si llevas esmalte en gel, que en los pies suele durar más que en las manos.
- Cada 6 a 8 semanas: en temporada de frío, si usas zapato cerrado y sólo buscas mantenimiento.
Tipos de pedicure
Pedicure clásico
Remojo, corte y limado de uñas, cuidado de la cutícula, retiro ligero de durezas, masaje breve y esmalte. Dura unos 45 minutos y es la opción ideal para el mantenimiento regular.
Pedicure spa
Incluye todo lo anterior, más exfoliación, mascarilla, hidratación profunda y un masaje más largo. Algunos salones agregan parafina o piedras calientes. Es perfecto para pies muy resecos, para consentirte o antes de unas vacaciones.
Pedicure en gel
El esmalte se cura en lámpara, como en las manos. En los pies puede durar de 4 a 6 semanas sin descarapelarse, porque las uñas crecen lento y sufren menos golpes. Es la opción favorita de quienes quieren olvidarse del esmalte durante un mes.
Pedicure clínico o podológico
Lo realiza un podólogo, no una manicurista, y se enfoca en la salud: uñas enterradas, hongos, callos profundos o pies de personas con diabetes. Si tienes alguno de estos problemas, este es el servicio adecuado.
Cómo saber si el salón es higiénico
Los pies son una zona donde los hongos y las bacterias se transmiten fácilmente, así que la higiene es lo primero. Fíjate en esto:
- Tinas limpias y, de preferencia, con bolsas o forros desechables que se cambian con cada clienta.
- Herramientas metálicas esterilizadas, que se sacan de un empaque cerrado o de un esterilizador, no de un vaso con agua.
- Limas, pómez y palitos nuevos, o que te den para llevártelos a casa: esos materiales no se pueden desinfectar bien.
- Que la especialista se lave las manos o use guantes.
- Que no usen navajas para quitar callos. Es una práctica riesgosa: lo correcto es usar limas o un podólogo.
Si algo no te convence, está bien preguntar o retirarte. Leer las reseñas de otras clientas también te da pistas sobre la limpieza del lugar.
Antes de tu cita
- No te rasures ni te depiles las piernas 24 horas antes. La piel recién rasurada tiene microcortes por donde pueden entrar bacterias del agua.
- Si tienes una herida, una ampolla o una infección en los pies, pospón la cita hasta que sane.
- Lleva sandalias si te vas a poner esmalte tradicional, para no arruinarlo al salir.
- Si tienes diabetes o problemas de circulación, avisa a la especialista, o mejor acude con un podólogo.
Cuidados entre citas
- Hidrata tus pies todas las noches, sobre todo los talones, con una crema con urea si están muy resecos.
- Corta las uñas en línea recta, sin redondear demasiado las esquinas, para evitar que se entierren.
- Sécate bien entre los dedos después de bañarte, para prevenir hongos.
- Usa sandalias en regaderas públicas, albercas y gimnasios.
- Lima suavemente las durezas una vez por semana con una lima de pies, nunca con navaja.
Precio aproximado
Como referencia en las grandes ciudades de México:
- Pedicure clásico: de $250 a $450.
- Pedicure spa: de $400 a $700.
- Pedicure con esmalte en gel: de $400 a $650.
- Pedicure podológico: de $400 a $900, según el tratamiento.
Son cifras orientativas. Confirma el precio con el salón antes de tu cita.
Señales para ir al podólogo: uña enterrada con dolor o enrojecimiento, uñas engrosadas, amarillentas o que se desmoronan (posibles hongos), grietas profundas en los talones o callos que duelen al caminar. Una manicurista no debe tratar estos casos.
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